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Una nueva seña de identidad para Lugia


¡Qué ilusión nos hace escribir este artículo! Y no es para menos. Porque hoy os vamos a hablar de la nueva tipografía que lucirá a partir del próximo número en nuestras crónicas. Así es, cambiamos de aires.


Para realizar esta nueva seña de identidad que tendrá Lugia a partir de ahora hemos contado con el impecable trabajo de Francisco Gutiérrez García (Scriptorium Yayyan). Es natural de Jaén, licenciado en Historia del Arte y especialista en la creación de manuscritos iluminados. Ah, y ejecuta sus obras con la máxima fidelidad en el uso de las técnicas y materiales históricos. (Os dejamos por aquí su página de Facebook para que podáis ver los maravillosos trabajos que crea).


La nueva tipografía está hecha a mano por este autor y basada en criterios historicistas. Y no podemos estar más contentos con el resultado.


Cuando comenzamos a trabajar, Francisco nos contaba cuáles serían los primeros pasos a seguir: “El primer paso fue realizar una labor de investigación para analizar los precedentes tipográficos que había tenido la revista a lo largo de sus casi 40 años de historia. Al mismo tiempo, pedí una selección de los documentos más relevantes de la villa de Valdepeñas de Jaén, para indagar en los modelos caligráficos más representativos de su historia, donde rápidamente afloró su original carácter renacentista”.


Portadas de Lugia a lo largo de su existencia.

Entre los documentos que Francisco estudió, llamaron su atención “dos auténticas joyas documentales”, como él los llama. Se trata de los Privilegios de mediados del siglo XVI, concedidos por Felipe II en 1558 y en 1579, donde se reconoce la jurisdicción propia como villa de Castilla, solicitada por el Cabildo municipal.


Privilegio de 1558 y Privilegio de 1579.

Francisco nos dice a este respecto: “Los textos de ambos documentos están escritos en un estilo caligráfico conocido como gótica rotunda, una de las últimas tipologías del repertorio de letras góticas. Éstas surgen a mediados del siglo XII, a partir de la gótica primitiva románica que se transforma continuamente hasta los modelos de rotunda del XVI, que beben de la influencia carolingia (periodo que recupera culturalmente la herencia clásica grecolatina) y que posteriormente será el germen de uno de los repertorios caligráficos nacionales por excelencia, la redondilla”.


Entonces, la elección del modelo caligráfico ya estaba hecha. “Nada mejor que este estilo para representar la identidad histórica de la Villa de Valdepeñas de Jaén, la rotunda renacentista. Para la composición del nombre me centré en buscar los rasgos específicos de las letras que necesitaba”, nos explica. Es decir, los caracteres que conforman la palabra Lugia. (Te recomendamos fervientemente que leas con atención el artículo que Francisco ha escrito para la próxima edición de Lugia, donde nos cuenta con todo detalle el trabajo y el estudio realizado para cada letra).


Te adelantamos que, como primera opción, realizó algunas pruebas con los modelos de caligrafía combinados de cadeaux y rotunda, presentes en los manuscritos, “pero no terminaban de funcionar en conjunto. Sobre todo, teniendo en cuenta su aplicación final, principalmente la de portada de la revista, donde podría causar demasiados problemas por el contraste de alturas entre la mayúscula y el resto de letras”, nos contaba el artista.


Tras su trabajo, finalmente, Francisco nos presentó diferentes opciones, de las que elegimos tres estilos: la rústica romana, la gótica rotunda “interpretada” y la humanística o fundacional.


Mosaico de tipografías escogidas.

Con la selección realizada, ya solo quedaba digitalizar las mejores caligrafías y transformarlas vectorialmente para sus futuras aplicaciones.


A nosotros solo nos queda dar las gracias a Francisco por su impecable trabajo, por su dedicación y empeño para dotar a Lugia de esa nueva cabecera por la que será reconocida y por el maravilloso resultado final.

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