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Un paseo por la Semana Santa de 1985


Ilustración de Rafael Rivilla.

Viernes Santo, día grande de la Semana Santa. En nuestro Valdepeñas, jornada en la que celebramos, quizás, la procesión más emotiva de toda la semana. ¿O quién no se emociona en ese maravilloso encuentro entre la Virgen de los Dolores y su hijo fallecido?


Este año, nuevamente, no podremos revivirlo. Pero desde Lugia queremos que tengáis, al menos, un bonito recuerdo de las procesiones y os vamos a describir cómo se celebraban años atrás en nuestro pueblo.


Para describíroslo, vamos a retomar un artículo sobre procesiones que fue escrito para nuestra segunda crónica, la correspondiente a abril, mayo y junio de 1985.


¿Nos acompañáis en esta vuelta al pasado y revivís con nosotros la Semana Santa valdepeñera de hace 36 años?


“Como preparación a la Semana Santa, del 26 de marzo al 3 de abril se dieron charlas, ejercicios y convivencias para mayores, jóvenes y niños, dirigidos por el párroco José María”, contábamos entonces.


Ese año, el Domingo de Ramos cayó el 31 de marzo. “La procesión salió desde la iglesia de San Sebastián hasta la Parroquia, con la típica borriquilla y numerosos niños ataviados a la usanza hebrea”.


Ese año, sin embargo, la procesión del Domingo de Ramos no pudo contar con una de sus principales señas de identidad: las palmas. “Faltaron las palmas debido a las fuertes heladas que azotaron la región levantina, pero lucieron los ramos de olivo, más cercanos y más nuestros”.


El 3 de abril se realizó la ‘Celebración de la Penitencia’, durante la cual numerosos fieles acudieron a las confesiones en la parroquia.


Ya el Jueves Santo se celebró la santa misa en recuerdo de la Cena del Señor, con el lavatorio de los pies a 12 jóvenes del pueblo. Durante esta misa, el coro parroquial interpretó, entre otros cantos, ‘El Peregrino’, de la obra de Verdi. “Seguidamente, se trasladó el Santísimo al Monumento donde se hizo una hora santa”, contábamos entonces.


Durante la jornada del Viernes Santo, a las 12 de la mañana, un Vía Crucis salió de la iglesia de San Sebastián a la parroquia. Luego, por la tarde, se celebraron los santos oficios y, a continuación, se comenzó con la vela al Cristo Yacente.


Por último, el Sábado Santo, durante la Vigilia Pascual, se renovaron las promesas del Bautismo por parte de todos los fieles asistentes.

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