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Turismo rural en Valdepeñas de Jaén, ¿por qué no?


Foto realizada por Blas Prieto Sánchez.

Hacer turismo en Valdepeñas y su entorno es un deleite para los amantes de lo rural. Sus bellos paisajes lo convierten en un enclave único para desconectar de todo rodeado solo de naturaleza: sus abundantes parajes de encinares adehesados, coronados por la Sierra de la Pandera; las Chorreras, a un solo paso del centro del pueblo; Chircales, con su nacimiento de agua junto a la ermita; el Mirador de Navalayegua, situado a unos 1.5000 metros de altitud para contemplar el pantano del Quiebrajano; el mítico Quejigo del Carbón, un árbol milenario declarado Monumento Natural por la Delegación de Medio Ambiente; Pitillos, un enclave único para hacer senderismo por sus angostos cañones, de hasta 30 metros de altura y declarado Monumento Natural por la Junta de Andalucía; o el nacimiento del Vadillo.


Precisamente, para aprovechar este entorno y dinamizar la economía del pueblo a través de este turismo rural, a finales de la década de los 90 se esbozó un enorme proyecto turístico que tenía como objetivo revalorizar nuestro pueblo. Aunque finalmente no salió adelante, en las páginas de Lugia fuimos testigos de primera mano de la idea inicial.


Nos lo contó el que fuera artífice del proyecto, el valdepeñero Bernardino Madera Castro, quien nos presentó su propuesta en la crónica de enero a junio de 1999 a través del artículo ‘Turismo rural en Valdepeñas de Jaén, ¿por qué no?’. Una propuesta que presentó en el Colegio de Arquitectos de Jaén el 1 de octubre de 1998.


Para llevarla a cabo tendría que adecuar el terreno del que disponía en la zona conocida como Calderera Alta, con una superficie de 60.000 metros cuadrados.


Lo que pretendía era la creación de unas instalaciones destinadas al turismo rural. Y estos eran los objetivos que tenía en mente con este proyecto:


1. Canalizar la creciente demanda de turismo rural en este tipo de lugares, ofreciendo servicios como:

  • Ordenación de lugares específicos para el turismo rural, provistos todos de agua, energía eléctrica, alumbrado exterior, teléfono y recogida de basuras.

  • Estaría compuesto de bungalows con salón, cocina, 3 dormitorios y baño, bar y cocina común, autoservicio, un salón social, recepción, una vivienda para el guarda y alojamiento para empleados.

  • Dispondría también de zonas de aprendizaje de especias autóctonas, granja escuela, aulas de la naturaleza, invernadero, huerta…

  • Y contaría con espacios para el uso deportivo: pista atletismo, piscinas, parapente, senderismo…


2. Adaptar las instalaciones y servicios al medio, con las mínimas obras de movimiento de tierras, desbroce y acondicionamiento del terreno y plantando en zonas de bancales vegetación autóctona de la zona.


3. Posibilitar la estancia vacacional, predominantemente estival, con las condiciones higiénico sanitarias precisas, facilitando espacios para el desarrollo de actividades lúdicas, senderismo, deportivas, de ocio y descanso.


4. Potenciar el conocimiento, disfrute y aprecio de la zona y sus especies autóctonas con la posibilidad de uso escolar, aulas ecológicas y actividades referentes a la naturaleza.


A través de todas estas instalaciones, el siguiente paso sería organizar programas semanales con actividades culturales relacionadas con el medio ambiente que irían dirigidas a jóvenes de entre 12 y 25 años durante el curso escolar; a los padres durante las vacaciones de Navidad, Semana Santa y verano; y a todos aquellos que estuvieran interesados.


Bernardino, debido a la magnitud del proyecto, pensó que la creación de una Sociedad Cooperativa sería la mejor forma de poder llevarlo a cabo. “Siendo mi intención que los beneficios que se obtengan de esta inversión reviertan en la ciudad de Valdepeñas y de sus gentes, se hace necesario que los socios sean de la misma ciudad y es por ello que quiero invitar a cuantos lo deseéis a formar parte de un proyecto que nace de Valdepeñas, para el desarrollo económico y social de Valdepeñas y de sus gentes y así evitar la emigración y facilitar al mundo entero el conocimiento de la riqueza de nuestro entorno natural, de nuestras costumbres y gastronomía, entre otros”, explicaba en su artículo.


Como comentábamos al inicio del artículo, lamentablemente, el proyecto no vio la luz finalmente. Sin embargo, a día de hoy contamos con varios alojamientos rurales en nuestro pueblo que son un aliciente para conocer el municipio y su privilegiada ubicación.


Por un lado, destacan los Apartamentos Rurales del Monte las Ánimas, seis apartamentos con capacidad de entre 2 y 6 personas, totalmente equipados e independientes y, además, con salón y cocina comunitaria y piscina climatizada. En el exterior, 400 hectáreas de terreno para disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor.


Por otro lado, destaca el alojamiento rural La colmenilla, compuesto por tres viviendas independientes y donde disfrutar de la sierra con un bosque mediterráneo bien conservado.


También hay que resaltar el alojamiento rural Ropón, 5 casas rurales independientes ubicadas en El Vadillo y a cinco minutos andando del centro del pueblo.


Por último, hablamos del Camping Las Veredas, integrado en el Complejo Turístico Las Veredas junto con las Piscinas Municipales y el Centro BTT “La Pandera”. Se compone de 61 parcelas, todas ellas de gran superficie, con mucha sombra y vegetación.

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