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Sector agroalimentario, principal actividad económica del Marqués de Navasequilla en el siglo XX


¿Cuáles eran las principales actividades económicas que tenía el marquesado de Navasequilla durante los siglos XIX y XX en Valdepeñas de Jaén? Principalmente, eran la actividad agropecuaria y agroalimentaria.


Y lo sabemos gracias a un interesante y elaborado artículo de Luis Garrido González, catedrático de la Universidad de Jaén. Pero no solo eso, sino que gracias a ese estudio podemos saber también cómo se realizaba la administración y contabilidad de esas fincas.


De ello nos hablará de una manera detallada en nuestra próxima crónica. Pero hoy os traemos un adelanto para ir abriendo boca. Eso sí, ¡no os perdáis luego el artículo completo!


Como ya hemos mencionado, el principal negocio del Marqués de Navasequilla en la provincia de Jaén en el siglo XIX y XX era la actividad agropecuaria y agroalimentaria. Durante ese espacio de tiempo, el título de marqués de Navasequilla recaía en Blas García de Quesada y Aguilera, IV marqués.


Blas García de Quesada y Aguilera, IV marqués de Navasequilla

Solo en la sierra de la provincia de Jaén (hay constancia de que tenía también tierras fuera de Andalucía) poseía alrededor de 36 fincas, ranchos y dehesas, que eran la base de sus explotaciones agropecuarias y una industria agroalimentaria de molinos harineros y aceiteros. Fue él quien, además, saneó la administración y consolidó el patrimonio que hasta entonces había estado sometido a continuos avatares por deudas y repartos de herencias. Su buen hacer contrasta así con las afirmaciones que dicen que las empresas agrarias de Andalucía en esa época estaban mal explotadas y/o mal administradas y gestionadas.


No en vano, en 1875, el ingeniero agrónomo y catedrático de Agricultura del Instituto de Bachillerato de Jaén escribió estas palabras que hacían referencia a su actividad como empresario ganadero: “El señor D. Blas García de Quesada, Marqués de Navasequilla, que se distingue en la cría de ganados y muy especialmente en la del mular y cabrío, que ha llegado a perfeccionar hasta competir si no a aventajar a los mejores”, (Serra 1876, p. 123).


Tras un reparto de herencia realizado en 1822 que recayó en María Francisca Uztáriz, la viuda del anterior marqués de Navasequilla, en Pedro de Quesada y en Blas de Quesada, la siguiente noticia de la que tenemos información en la documentación consultada sobre el IV marqués de Navasequilla es que en noviembre de 1862 se le concedió una guía de conducción de 12 sacos de sal con destino a Jaén Ganadero. Es la primera referencia en la documentación sobre sus relaciones con la ganadería de renta.


Como ya habíamos hablado en anteriores artículos, el primer marqués de Navasequilla inició una explotación de ganadería de cría de toro bravo, que tuvo continuidad hasta 1858, aproximadamente. Una vez abandonada esta actividad, el marqués de Navasequilla se dedicó más en exclusiva a la cría de ganado manso de renta, que se utilizaba para labor (arado) y transporte (tiro de carretas), tanto en las zonas de campiña como de sierra. Pero la principal salida de la producción ganadera se encontraba en su comercialización para abastecer de carne a las ciudades y puertos levantinos del Mediterráneo. Y es que todos los años se celebraba una importante feria de ganado en Noalejo, donde el marqués de Navasequilla solía vender entre 1.000 y 1.200 cabezas de machos cabríos de tres años.


El hato de Navasequilla era uno de los pocos que quedaban, ya que, tanto la feria como la explotación ganadera había entrado en decadencia en la provincia de Jaén desde las décadas de 1830-1840.


Según nos cuenta Luis Garrido, es a partir de 1868 cuando se empezó a tener una información cualitativamente diferente, “y mucho más interesante para conocer la evolución de la industria agroalimentaria en la Andalucía del siglo XIX: los libros de contabilidad de la administración del marqués de Navasequilla en Valdepeñas de Jaén”.


Ejemplo de una hoja con las anotaciones correspondientes al Libro Diario de la contabilidad del marqués de Navasequilla.

Gracias a estos datos, sabemos que, por ejemplo, en los años que van desde 1868 a 1882, el administrador general que llevaba los libros de contabilidad del marqués era Maximiano Infante y Escavias, que fue sustituido en agosto de 1873 por su hijo Maximiano Infante Losan, quien recibía un salario fijo de 300 reales mensuales, así como una participación en beneficios: un 20% del excedente de explotación entre agosto de 1879 y julio de 1880. En el caso de la fábrica de harinas, el administrador recibía entre un máximo de 389 y un mínimo de 63 reales al mes, en función de las rentabilidades obtenidas.


“En ningún momento se aplica la contabilidad por partida doble, sino que se utilizaban los que podemos denominar libros diarios de cuentas para ingresos y gastos, es decir, de cargo y data. Un método, como es sabido, más jurídico que contable, utilizado por los contadores para tomar la cuenta a cualquiera encargado de bienes o rentas”, explica Luis.


Para 1877, único año del que se han conservado, se dispone de las hojas sueltas del Libro Mayor para las distintas explotaciones, donde aparecen cada mes las siguientes partidas:


1. Cargo o ingresos, que podemos identificar con el Debe:

  • Existencias en fin de mes anterior.

  • Recaudado por débitos atrasados.

  • Recaudado por valores y rentas corrientes.

  • Importe de venta de frutos y semovientes.

  • Creces de granos y líquidos.

  • Remesas hechas por la administración general.

2. Data, salidas o gastos, que podemos identificar con el Haber:

  • Por contribuciones o impuestos.

  • Especies vendidas.

  • Especies prestadas.

  • Destello de la ganadería.

  • Especies consumidas por la misma.

  • Gastos ordinarios de la administración.

  • Remesas a la administración general.

Además, se registraban mensualmente tres aspectos:


1. La recaudación por atrasos: diferenciando el trigo en fanegas y celemines; aceite en arrobas y cuartos, reales y céntimos.

2. Los individuos a quienes se les había prestado frutos o dinero: diferenciando el trigo en fanegas y celemines; el aceite en arrobas y cuartos, y los reales y céntimos.

3. Las especies de trigo, aceite, cebada, salvado y sal consumidas por los distintos componentes de la explotación, que destacaban, entre otros:

- Por la administración y peones.

- Guardas de montes.

- Guardas de olivares.

- Mulero por su hatería y luz.

- Mayoral de las yeguas.

- Zagal primero de dicho ganado.

- Mulos del molino aceitero.


La fábrica de harinas, por su parte, contaba con una contabilidad paralela, de la que sólo nos ha quedado un Libro de Salidas entre 1868 y 1878, en el que sólo se diferenciaban dos partidas: las existencias de trigo en fanegas y celemines y la cantidad disponible de dinero en metálico expresada en reales y céntimos.


El administrador en Valdepeñas de Jaén que introdujo todas las anteriores mejoras en la contabilidad era Julián Infante, seguramente, nieto e hijo de los dos Maximiano Infante anteriores, quien fue sustituido el 12 de febrero de 1882 por otro llamado Francisco Castro. El cambio de administrador por Francisco Castro se produjo, aproximadamente, un año después de la muerte del marqués, momento en que terminan las anotaciones, quedando en blanco las restantes hojas de los libros. Seguramente, se empezaría otra contabilidad correspondiente a la nueva administración del nuevo titular del marquesado”.


Firma como administrador de Julián Infante en 1879.

Varios años después, ya con otro marqués de Navasequilla, “podemos decir que, en el Registro de la Propiedad Expropiable de 1933 confeccionado en la Segunda República en aplicación de la ley de Reforma Agraria de 1932 para expropiar las fincas excesivamente grandes mayores de 250 hectáreas, no aparece ninguna propiedad del marqués de Navasequilla en la provincia de Jaén, lo que podría indicar que en la década de 1930 ya no conservaban grandes propiedades”, cuenta Luis en el artículo.


Ahora, a modo de ejemplo, vamos a ver a continuación un gráfico (elaborado por el propio Luis Garrido) relativo al período 1868-1881, cuando la explotación agroalimentaria se basaba fundamentalmente en la comercialización de trigo y ganado para carne. En él se ve cómo se mantiene su rentabilidad incluso en los peores momentos del Sexenio Liberal, cuando los gastos se elevan hasta el 96,2% sobre los ingresos brutos. “La recuperación sólo puede ser calificada de espectacular a partir del comienzo de la Restauración borbónica (1875-1923), alcanzándose unos beneficios sostenidos y acumulados entre 1874 y 1882 del 268%, lo cual hace subir el promedio de todo el período del que tenemos información a nada menos que el 162%, pese a los malos resultados de los primeros años de 1868-1873, correspondientes al Sexenio Liberal”, explica Luis.


Cuentas de gastos e ingresos anuales del marqués de Navasequilla en la provincia de Jaén, correspondientes a 36 fincas, ranchos y dehesas dedicadas a ganadería, cereal, olivar, dos molinos harineros, uno de aceite, una fábrica de yeso y una fábrica de cal (reales corrientes).


A: Salarios. B: Impuestos. C: Gastos anuales del capital de explotación. D: Gastos totales después de impuestos. E: Ingresos totales (producto bruto). F: Beneficio después de impuestos (producto líquido). Fuentes: Documentación de la administración del marqués de Navasequilla en Valdepeñas de Jaén.

En resumen, las distintas explotaciones agroalimentarias del marqués de Navasequilla fueron un buen negocio, basado, fundamentalmente, en la explotación ganadera. El techo del mismo estaba en las posibilidades de pasto de las tierras que poseía el marquesado de Navasequilla en la comarca alrededor de Valdepeñas de Jaén. Las cuales, al parecer, podían abastecer una cabaña que tenía su límite estructural en las 1.000 cabezas de ganado. Por otra parte, los intentos de diversificar riesgos con el negocio de los toros bravos, parece que no tuvieron un excesivo éxito y que parte de dicha ganadería había sido traspasada alrededor del año 1858 al ganadero Andrés Fontecilla originario de Baeza. También se intentó diversificar los negocios agropecuarios, instalando en estos años unos colmenares en la finca de Navasequilla. No obstante, en sus actividades comerciales, las transacciones predominantes eran la venta de carneros o machos capones de tres años para carne. Grandes partidas de ganado se vendían anualmente en la feria de Noalejo a los valencianos”, concluye Luis.

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