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Recordamos la entrevista a Juan Antonio Almagro Escabias, “Manzano”

Actualizado: 13 oct 2021



Hace unas semanas os contábamos un nuevo proyecto en el que estábamos trabajando en Lugia: un libro recopilatorio de todas las entrevistas que Jesús López ha realizado en nuestras crónicas desde el año 2001.


Eso nos dio qué pensar y creímos que sería una buena opción recapitular todas esas maravillosas entrevistas también aquí en nuestro blog. Y nos hemos puesto manos a la obra. Poco a poco, os iremos trayendo aquí un pedacito de la vida de esos valdepeñeros que ya se pusieron en manos de Jesús.


Hoy empezamos con la primera que Jesús López realizó para su publicación en Lugia, la de Juan Antonio Almagro Escabias, conocido por todos como “Manzano”. ¿Quién no lo recuerda con un instrumento musical en la mano?


Año 1952.

Cuando fue a su casa a realizar la entrevista, esta fue la impresión de Jesús cuando lo vio: “Al llegar, al contemplar a Juan Antonio se me generó la sensación de ver a un patriarca, la imagen de un hombre bondadoso y bonachón, de algo más de setenta y un años, que aguardaba mi llegada, sentado, con el ánimo dispuesto para hablar y contar todo cuanto yo fuera capaz de sacar a la escena de nuestra entrevista”.


Y ahí comenzó la conversación entre ambos. Juan Antonio nació un 11 de mayo de 1930, hijo único de Antonio e Isabel. Como era común en aquellos tiempos, con solo 9 años comenzó su trabajo en el campo: pastoreo de cabras y algunas labores de agricultura, hortaliza y aceituna. Tan solo tres años después, a los 12, tuvo su primer contacto con una de sus mayores pasiones: la música. “A los doce años, la fuerte y persistente insistencia de su padre lograba introducirlo en el mundo de la música al comprarle una guitarra a ‘los Párragas’ y recibir las primeras lecciones de ‘los Cofles’. Se iniciaba así un maridaje hombre-música que se e prolongaría durante toda su vida”, escribía Jesús. No en vano, a los 15 años entró a formar parte de la banda de música del pueblo tocando el clarinete. No sería el único instrumento que aprendió a tocar. Y es que con varios maestros logró controlar también el laúd o el saxofón. Tanta era la pasión que sentía por la música que con tan solo 17 años fundó su propia orquesta, junto a ‘Canenites’ y ‘Lenteja’.


Durante su estancia en el servicio militar, que lo hizo en Barcelona, con 18 años, nació su primera hija, Isabel, fruto de su matrimonio con Francisca Martínez Milla. Tuvo después tres hijos más: Dolores, Juan y Antonio.




Finalizada la etapa militar, volvió a sus tareas agrícolas. Y también musicales, puesto que no había perdido contacto con la música (trabajó en bares de Barcelona como músico). Así, constituyó nuevas orquestas que, normalmente, se componían de saxofón, clarinete, acordeón y batería. Una de estas bandas que formó fue la compuesta por Eufrasio, al acordeón, Cayetano, en la batería, Leopoldo al saxofón tenor y él mismo, con el saxofón alto.


Año 1958.

“Pero tras un año y medio de actuaciones, la banda se descompone porque Eufrasia y Cayetano se marcharon a Barcelona y Leopoldo lo hizo hacia Madrid”, nos explicaba Jesús. Como no era la primera vez que pasaba, “cansado ya de esta situación”, decidió vender su saxofón.


Se dedicó entonces a las labores del campo, recogida de aceituna y también a trabajar fuera del pueblo como temporero en la recogida de la fresa o de la uva. Pero siempre con la música en mente. “La incapacidad para soportar el dolor que le producía la lejanía o la separación de las actuaciones musicales, además de que el problema de la fragmentación de las orquestas no sólo se había cebado con él, pues igual les había ocurrido a Benito Ortega y Finito, que eran su competencia por aquel entonces, le llevó a unirse a ellos y constituir una orquesta que se prolongó durante más de treinta años, en los que él se ocupó de hacer sonar el acordeón. Con esta orquesta actuó en multitud de lugares de la geografía andaluza y en toda la provincia de Jaén, también en muchas cortijadas y pequeñas aldeas de nuestra sierra valdepeñera”, le contaba Juan Antonio a Jesús.


Juan Antonio se tuvo que jubilar de manera anticipada, lo que le obligó también a dejar estas actuaciones fuera del pueblo. Pero lejos de separarse de la música, su pasión, lo llevó a contribuir a la fundación de la Rondalla del hogar del jubilado, “donde, inicialmente, tocaba el laúd; Cofle, la bandurria; José Finito, el saxofón; y el Pluma, la guitarra. Tras el fallecimiento del Cofle y el Pluma se unieron Carlos (Trepasantos), Rafael, (el Vendo) y el ‘Yerro’”, escribía Jesús.


Jesús quiso indagar con Juan Antonio sobre qué necesita tener un buen músico. “Su respuesta fue clara y rotunda: ¡¡Hay que saber música, es decir solfeo!! Señalaba también que tener un buen oído es importante, pero en mucho menor grado que conocer la quintaesencia musical representada por el solfeo. Convencido de ello, cuando era joven, dedicó un periodo de su vida a la formación en solfeo. El resto de su formación musical está representada por su autodidactismo y el seguimiento estricto y riguroso de algunos métodos para el aprendizaje de instrumentos musicales concretos, a los que, por gusto o por necesidad de la orquesta, debía hacer sonar armónicamente”, aseveraba Jesús.

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