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La importancia de los pozos de nieve en Valdepeñas de Jaén durante los siglos XVII y XVIII


Foto publicada por Juan Infante Martínez en el grupo "Fotografías Antiguas de Valdepeñas de Jaén"

Fin de semana de nieve. Mucha nieve. Al menos en algunas comunidades de España. El temporal Filomena ha llegado con fuerza y la nevada histórica que está dejando mantiene a ciudades como Madrid, Valencia, Toledo, Cuenca y Albacete en riesgo extremo.


De momento, las calles de nuestro Valdepeñas de Jaén no se están tiñendo de blanco. Pero, sin duda, se trata de una oportunidad única para recuperar un artículo muy interesante que ya publicamos en las páginas de Lugia en la crónica de enero a junio de 1998. Fue titulado “Los pozos de la nieve” y en él contábamos qué usos se le daban a la nieve, cómo se convirtió en una forma más de hacer comercio y, lo que es más importante, cómo benefició a Valdepeñas de Jaén durante los siglos XVII y XVIII.


Y es que en nuestro pueblo el comercio de la nieve, aunque se inició prácticamente con su fundación en el siglo XVI, alcanzó su máximo esplendor en los siglos XVII y XVIII (hasta que comenzó su declive en la segunda mitad del siglo XIX con la aparición de la industria frigorífica y el hielo artificial).


Ya sabíamos que durante esos siglos Valdepeñas de Jaén contaba con sus propios pozos de nieve. Pero lo cierto es que no éramos conscientes de su importancia hasta la publicación de un trabajo del profesor Aranda Doncel sobre el abastecimiento de la nieve a Córdoba en los siglos XVII y XVIII. Gracias a él descubrimos que durante las últimas décadas del siglo XVII y en las primeras del XVIII la nieve que consumían los cordobeses procedía de los pozos de nieve que había en La Pandera.


Podéis imaginar la dificultad de transportar la nieve desde Valdepeñas hasta Córdoba en aquellos tiempos. El testimonio de un arriero en 1668 lo pone de manifiesto, aclarando las jornadas que eran necesarias: “cinco jornadas las que se ocupan en cada viaje”. Un trabajo por el que, explicaba, cobraban entre cuatro y medio y cinco reales”.


Tras la publicación de este trabajo, la Asociación Lugia participó en una investigación de campo para localizar dichos pozos. Se encontraron varios. Dos en Ventisqueros, a 1.750 metros de altitud, con unos 2,50 metros de diámetros. Tres en Cornicabra, a 1.600 metros, con un diámetro de entre 20 y 30 metros. Otros dos en el Marroquí, a 1.400 metros de altitud y con más de 50 metros de diámetro. Y otros tres en la Pandera, ya en término de Los Villares.


Todos estos pozos de nieve hicieron que Valdepeñas tuviera una gran importancia durante esos siglos. Tanto, que tuvo que ir a juicio con la ciudad de Jaén para demostrar que la ubicación de los pozos le pertenecía.


Así se deja entrever en la correspondencia que D. Francisco Tomás de Porcuna y Fuentes, Prior de Parroquial de Santiago Apóstol, mantuvo en 1781 con el geógrafo D. Tomás López. Las cartas decían: “La Sierra de la Pandera se encuentra en el término de Valdepeñas, pero a tan sólo 20 metros del término de Jaén. Esta circunstancia hizo que, ya en 1633, hubiera un pleito entre la villa de Valdepeñas y la ciudad de Jaén por la posesión de la citada sima. El pleito fue ganado por la villa de Valdepeñas, el 23 de diciembre de 1633 en Granada. El derecho del acopio de la nieve correspondía al Marqués de los Trujillos, que compró la jurisdicción.”





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