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La importancia de la explotación olivarera y la producción y comercialización de aceite en el S. XIX



En nuestro anterior post os hablábamos de que las principales actividades económicas que tenía el marquesado de Navasequilla durante los siglos XIX y XX en Valdepeñas de Jaén eran, principalmente, la actividad agropecuaria y agroalimentaria.


Pero no eran las únicas. Y, teniendo gran parte de sus tierras en la provincia de Jaén, no es de extrañar que los olivos y el aceite fueran también una de las actividades económicas más importantes para el marquesado. Continuamos, así, desgranando el artículo de Luis Garrido González, catedrático de la Universidad de Jaén.


En esta ocasión nos vamos a centrar en el siglo XX, concretamente entre los años 1922 y 1927, para analizar la contabilidad de la finca de olivar. “En la década de 1870 aún no predominaba el olivar”, asegura Luis. Que continúa: “Sin embargo, en los años 20 se trata de una coyuntura económica en la cual la hegemonía olivarera era ya un hecho definitivo en la provincia de Jaén en esos años. De hecho, el marqués de Navasequilla estaba procediendo en esos años a la plantación de estacares y a la roza de tierras para dedicarlas al olivar en detrimento de su tradicional dedicación a la ganadería, que había sido la base de su empresa agroalimentaria durante la primera mitad del siglo XIX”.


De esta forma, en la década de 1920 el negocio ganadero o bien había pasado a ser residual, o bien había desaparecido por completo. “El triunfo del olivar estaba consagrado en las tierras de la Casa de Navasequilla”, dice Luis. Un proceso que, además, coincide con lo que ocurrió no solo la provincia de Jaén, sino también en todo el sur de España entre los siglos XVIII y X (Zambrana-Pineda 1987. Infante-Amate 2014).


Vamos a ver ahora de forma gráfica la contabilidad de estas explotaciones olivareras. En el siguiente gráfico, elaborado por Luis Garrido González, vemos las cuentas de gastos e ingresos de la finca de olivar en pesetas entre los años 1922 y 1927.

A: Salarios. B: Impuestos. C: Gastos anuales del capital de explotación. D: Gastos totales después de impuestos. E: Ingresos totales (producto bruto). F: Cuenta de pérdidas-ganancias después de impuestos (beneficio, producto líquido).

El siguiente gráfico, también elaborado por Luis Garrido, muestra la proporción de salarios sobre gastos y de gastos totales sobre ingresos totales en el mismo período de tiempo.



Como puede apreciarse, y aunque tras un período de una administración desastrosa se accede por primera vez a la administración directa de la finca de olivar en octubre de 1922, no se consigue salvar la campaña de ese año, que termina con una elevación de los gastos “en un 164% sobre los ingresos brutos”.


“Evidentemente, la primera medida que se toma es reducir los gastos del capital de explotación, que era la variable más elástica del negocio, puesto que sobre los impuestos marcados por una tendencia al alza y sobre los costes salariales apenas se podía actuar”, afirma Luis.


Y continúa: “Aunque lo cierto es que se consiguen controlar los salarios en torno al 64% de promedio sobre el capital circulante en los cinco años siguientes. Ello se pudo hacer gracias a la coyuntura política y social especialmente favorable para los empresarios en plena dictadura de Primo de Rivera, junto a la buena coyuntura internacional de subidas de los precios del aceite hasta 1926-1927, lo que les permitió sanear la explotación y recuperar las ganancias”.


A modo de resumen, podemos decir:


  • Los mejores años fueron 1923 y 1925.

  • La caída de los beneficios en 1924 se puede explicar por la vecería del olivo.

  • La tasa media acumulada de beneficios de los seis años fue del 32%, aunque se pueden diferenciar dos tendencias claras. Una primera hasta 1925, en que el negocio fue al alza, y otra a partir de 1926, cuando se inició una orientación a la baja.

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